El Papa: la santidad no es para “especialistas de lo divino”

El Papa envía un videomensaje al Congreso Internacional “Mujer Excepcional” dedicado a Santa Teresa de Ávila, que finaliza hoy en la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila en España con motivo del 50 aniversario del Doctorado de la santa: la bondad de Dios “es mayor que todos los males que podamos hacer, y no se acuerda de nuestra ingratitud”, dice el Pontífice.

El Papa Francisco se hizo presente en el cierre del congreso universitario “Mujer excepcional”, con el que se conmemora el quincuagésimo aniversario de la proclamación de Santa Teresa de Jesús como Doctora de la Iglesia, llevado a cabo en Ávila del 12 al 15 de abril. El Sumo Pontífice, quien ya había mandado su saludo a través del Obispo de Ávila, Monseñor José María Gil Tamayo, leído en la apertura del congreso, quiso manifestar su cercanía y su acompañamiento también a través de un video mensaje con el que saludó a los participantes y volvió sobre la figura de la Santa abulense.

Los cristianos están llamados a renovar la tierra

“Mujer excepcional”, comenzó diciendo el Papa, son las palabras que utilizó San Pablo VI para describir a la santa capaz de perseverar en la unión con el Señor, de ser dócil al Espíritu quedando “toda abrasada en el amor de Dios”. La audacia, la creatividad y la excelencia de Santa Teresa como reformadora – subrayó Francisco – son el fruto de la presencia interior del Señor. Nuestros días tienen bastantes similitudes con los del siglo XVI en que vivió la santa. Como entonces, también ahora los cristianos estamos llamados a que, a través de nosotros, la fuerza del Espíritu Santo siga renovando la faz de la tierra, en la certeza de que en el último termino son los santos quienes permiten que el mundo avance aproximándose a su meta definitiva.

El camino de la santidad

Recordando que la santidad favorece “un estilo de vida más humano”, el Papa Francisco subraya que no es sólo para algunos “especialistas de lo divino” sino “la vocación de todos los creyentes”. Sin embargo, la santidad es originalidad porque cada uno está llamado a un camino diferente:

Los santos nos estimulan y nos motivan, pero no están para que tratemos literalmente de copiarlos, la santidad no se copia, “porque hasta eso podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno de nosotros”. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino”, cada uno de nosotros tiene su camino de santidad, de encuentro con el Señor.

Del pecado a la misericordia

El signo de la unión con Dios, que se cultiva en la oración, está en las obras que se realizan. Esto implica también un cambio personal porque, abierto al Espíritu, uno se vuelve “más humildes, más solícitos a las necesidades de nuestros hermanos, mejores hijos del Pueblo santo de Dios”.

Tal camino no se abre a los que se tienen a sí mismos por puros y perfectos, los cátaros de todos los siglos, sino a los que, conscientes de sus pecados, descubren la hermosura de la misericordia de Dios, que acoge a todos, redime a todos, y a todos llama a su amistad. 

“Santa Teresa, que se tenía a sí misma por muy ‘ruin y miserable’”, como ella se definía, reconoce, explicó el Papa, “que la bondad de Dios ‘es mayor que todos los males que podamos hacer, y no se acuerda de nuestra ingratitud’”. El Señor no se cansa de perdonar, pero el gran peligro es que nos cansemos de pedir perdón.

De la oración a la fraternidad

El ideal de la fraternidad fue descubierto por Santa Teresa, “una mujer excepcional, una mujer creativa e innovadora”, a través de la oración que abre a la esperanza. Un ideal que quiso hacer realidad en los conventos que fundó; una enseñanza que es válida incluso hoy, cuando hay “peleítas” entre conventos. Como la Doctora de la Iglesia, vivimos en “tiempos recios”, nada fáciles, que necesitan de “amigos fieles de Dios”, amigos fuertes.

La gran tentación es ceder a la desilusión, a la resignación, al funesto e infundado presagio de que todo va a salir mal. Ese pesimismo infecundo, ese pesimismo de personas incapaces de dar vida. 

En cambio, indica el Pontífice, “la oración nos abre, nos permite gustar que Dios es grande, que está más allá del horizonte, que Dios es bueno, que nos ama y que la historia no se le ha escapado de sus manos.

Puede que transitemos por cañadas oscuras (cf. Sal 23,4), no les tengan miedo si está el Señor con ustedes, pero Él no deja de caminar a nuestro lado y de conducirlos a la meta que todos anhelamos: la vida eterna.

Y junto a Él, concluyó el Papa, “somos capaces de alcanzar cualquier reto, porque en realidad sólo su compañía es la que desea nuestro corazón y la que nos otorga la plenitud y el gozo de los que hemos sido creados”.

Finalmente, el Santo Padre nos invita a rezar estas palabras:

“Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.”

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