Las felicitaciones por el 50º sacerdocio del Papa, siervo del pueblo de Dios

El mundo está reunido en torno a Francisco, que ha alcanzado la meta de medio siglo de vida sacerdotal. La Diócesis de Roma, en particular, agradece afectuosamente al Papa y reza por este aniversario. El Cardenal De Donatis afirma: “Nos conduce de la mano por los caminos del hombre, ‘misericordiando’, con una mirada de amor y ternura”.

Alessandro De Carolis – Ciudad del Vaticano

Si hay un riesgo del que un sacerdote debe protegerse, es el de la falta de atención a la llama que un día misteriosamente ardió su corazón. El Papa lo ha convertido en un punto de constante vigilancia y apelación al clero de todas las latitudes. Cualquier cosa puede pasar, pero sin olvidar el primer amor. Si incluso el cansancio aplasta y la desilusión devora la esperanza, un sacerdote -dijo y repite Francisco – debe volver siempre “a aquel punto luminoso” en el que la gracia de Dios lo tocó “al principio del camino”. Porque “es de esa chispa que puedo encender el fuego para el hoy”.

A lo largo de los caminos del hombre

El Papa desde el fin del mundo no ha olvidado esta necesidad esencial y hoy la Iglesia universal y los líderes mundiales que le dirigen saludos y agradecimientos, tienen ante sí a este siervo del pueblo de Dios. Un hombre y un sacerdote que “nos lleva de la mano por los caminos del hombre, ‘misericordiando’, con una mirada de amor y ternura”, escribe el Cardenal Vicario Angelo De Donatis en nombre de la Diócesis de Roma, la Diócesis del Papa.

Para usted la oración de todos

 

En el afecto expresado por la Urbe está el eco del amor del Orbe, del sentimiento más genuino de las comunidades de creyentes y también de tanta admiración por parte de los no cristianos, que sin embargo aprecian el esfuerzo de un constructor de puentes que impide, en tiempos de muros, que la moneda de la misericordia acabe fuera de camino. Que toca la carne de Cristo que a menudo repele a los cristianos. “Por usted -escribe de nuevo el Cardenal De Donatis- la oración de los pequeños, de los hijos de nuestras comunidades, se eleva a Dios, a quienes usted bendice con el afecto de Padre. La oración de los pobres, a quienes ama de manera privilegiada, se eleva al Señor por usted; la oración de los ancianos y de los enfermos, que ofrecen sus sufrimientos por la Iglesia. Para usted es la oración de los jóvenes, impulsados por su entusiasmo misionero; y de las familias, llamadas a vivir la Alegría del Amor. Para usted es la oración de todos nosotros, listos a llevar el Evangelio de la alegría.

El sacerdote y el sentido de la vida

Un Evangelio puede tener voz mientras el alma de un sacerdote siga siendo un brasero, que se alimenta de Cristo y lo dona “en salida”, con prudencia y audacia, enseña a Francisco. Un hombre descentralizado, el sacerdote, porque el “sentido de nuestra vida”, recuerda el Papa, reside en que “mi cuerpo se ofrece como sacrificio por ustedes”. Allí donde vive también la mayor felicidad.

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